Nacimos , máquinas imperfectas todos nosotros, para aprender a conectarnos, a desconectarnos. Nacimos para compartir energías, para sincronizar relojes, para encontrarnos. Envueltas en un aura de coraza, de metales fríos, de veranos que recuerdan otoños en la hierba. Las lágrimas son cuchillas en tu córnea; tu máquina está fuera de servicio, otro modelo, otra ciudad. ¿Recuerdas sentir? Ellas, fruto de los metales más pesados, de aleaciones concienciadas...ellas no sienten; se conectan, se desconectan, y en sus cortocircuitos, donde alguna vez creímos sentir, arderán las aleaciones rebeldes que quisieron cambiar su interior de estaño y polietileno reticulado por un órgano que lata fuerte contra sus paredes de hierro oxidado.
2012-08-20
2012-07-22
Más allá del ...
Me produce una angustia enorme cada vez que lo pienso pero le he sido sincera y le he dicho que, no se muy bien quién soy. Quizá sea pasajero, quizá sea solo este verano de nuevo. Quizá sea así por siempre o este estado se modifique, pero al menos se lo he dicho, he contado con ella. Parece complicado y es relativamente muy simple: no estoy segura de quién soy. Mejor dicho, de a qué sexo pertenezco, porque sé quién soy. Sí, lo sé; voy forjando a esa persona interiormente día tras día y esa persona soy Yo, lo que no quita luego que dude de mi sexo. De mi género, diría que es masculino, si por género entendemos aquel rol social que emprendemos y mostramos a los demás, gestos e iconos que adoptamos y tomamos como nuestros en tal de relacionarnos en sociedad. Cada vez me presento físicamente de forma más masculina y cuando mis amigos intentan evitarlo, a mi solo me nace provocarlos más, es como más cómoda estoy. Mi sexo es femenino, aunque no estoy segura. Sí mis genitales lo serían, pero no quizá mi pecho y eso me provoca dudas serias.
¿No lo entiendes? Yo tampoco mucho. Digamos que sería algo así como una mujer muy masculina sin senos, mujer por los genitales en todo caso y por la ausencia de la hormona masculina por excelencia. Mujer con género masculino más allá de todo eso. Todo esto es un gran lio y, de veras, no tiene sentido. Pero me cansa, y me ha cansado otras muchas veces y parece ser que el miedo mayor que puedo llegar a tener es aquel de rechazo social por parte de mis amigos, pareja y familia. Se lo dije y ella creyó que tal vez no me costó consultar mis dudas más profundas con ella, pero algo re retuerce dentro de mi cada vez que hablo el tema con alguien, como si todo el mundo lo tomara a cachondeo, broma o "¡venga ya!". Mis amigos pecan de lo mismo que yo, no les gusta que me pase la vida intentado etiquetarme, pero ellos me etiquetan a su libre antojo sin apenas consultarlo conmigo: "Tía, no te ralles, tú eres una bollera muy masculina y punto."
Hay, sin embargo, otra gente más sensata que me ha dicho: "Simplemente, deja que pase el tiempo". Y eso está pasando, el tiempo, así, en general.
No es fácil no saber muy bien qué eres, que no quién eres. O por qué siempre hay dudas, por qué existe esa desconformidad. Ayer decidí que, de momento, esto no está tan mal, así me he visto durante mis últimos años adolescentes y juveniles. De momento convivo en ambos sexos, aunque uno sea físico y otro sea más mental, pero nunca rechacé del todo que fuera mujer. Así que...llegados hasta aquí y divagando muy superficialmente, dicidí ayer quedarme de momento con lo mejor de ambos géneros en un sexo transformado físicamente. Poseo lo mejor de ambos sexos, eso está claro, e intento sacarles partido.
Me asusta que ella no lo entienda o que no me entienda. Se que, si alguna vez fuera transexual de forma clara, no podría contar con mi familia y probablemente no podría contar con la mitad de la gente que me rodea. Ella tampoco creo que lo entendiese del todo. De todas formas, hasta que esto sea aguantable, será así, cómodo para todos y para todas, aunque me gustaría averiguar qué es lo que me causa exactamente ansiedad cuando me miro al espejo y no veo lo que quiero ver.
*
¿No lo entiendes? Yo tampoco mucho. Digamos que sería algo así como una mujer muy masculina sin senos, mujer por los genitales en todo caso y por la ausencia de la hormona masculina por excelencia. Mujer con género masculino más allá de todo eso. Todo esto es un gran lio y, de veras, no tiene sentido. Pero me cansa, y me ha cansado otras muchas veces y parece ser que el miedo mayor que puedo llegar a tener es aquel de rechazo social por parte de mis amigos, pareja y familia. Se lo dije y ella creyó que tal vez no me costó consultar mis dudas más profundas con ella, pero algo re retuerce dentro de mi cada vez que hablo el tema con alguien, como si todo el mundo lo tomara a cachondeo, broma o "¡venga ya!". Mis amigos pecan de lo mismo que yo, no les gusta que me pase la vida intentado etiquetarme, pero ellos me etiquetan a su libre antojo sin apenas consultarlo conmigo: "Tía, no te ralles, tú eres una bollera muy masculina y punto."
Hay, sin embargo, otra gente más sensata que me ha dicho: "Simplemente, deja que pase el tiempo". Y eso está pasando, el tiempo, así, en general.
No es fácil no saber muy bien qué eres, que no quién eres. O por qué siempre hay dudas, por qué existe esa desconformidad. Ayer decidí que, de momento, esto no está tan mal, así me he visto durante mis últimos años adolescentes y juveniles. De momento convivo en ambos sexos, aunque uno sea físico y otro sea más mental, pero nunca rechacé del todo que fuera mujer. Así que...llegados hasta aquí y divagando muy superficialmente, dicidí ayer quedarme de momento con lo mejor de ambos géneros en un sexo transformado físicamente. Poseo lo mejor de ambos sexos, eso está claro, e intento sacarles partido.
Me asusta que ella no lo entienda o que no me entienda. Se que, si alguna vez fuera transexual de forma clara, no podría contar con mi familia y probablemente no podría contar con la mitad de la gente que me rodea. Ella tampoco creo que lo entendiese del todo. De todas formas, hasta que esto sea aguantable, será así, cómodo para todos y para todas, aunque me gustaría averiguar qué es lo que me causa exactamente ansiedad cuando me miro al espejo y no veo lo que quiero ver.
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Ars Amandi, Reflexiones filológicas,
Disforia del género
2012-05-02
El principio del final
Puede que me quieras prometer el mundo; pero a mi no me llega la señal.
Puede que me estés prometiendo el mundo; pero juro que no recibo tu señal.
Debe de ser una cuestión de algo más que intensidad, de algo que fue y ya no es, de algo que obviamente está haciendo mella en mi y me quita las ganas de sentir nada por nada. Esta llanura terrosa me lleva a creer que ya no hay nada y que ese Amor no existe, como bien pensé hace mucho tiempo, que quizá tan solo existe el amor y que con eso nos deberíamos conformar todos, sí señor. Quizá ya agoté todo ese Amor y ahora quede el amor, pero a mi este amor tan chiquito me llena de inseguridades, de planicie, de nulidad emocional. Te invito a ser la misma de antes junto a mi; pero intuyo que no es el momento, que no debo ser yo, que eso solo pasa al principio. Al principio, a mi no me había pasado nada parecido con otras personas. No. Nunca. ¿Será que hay muchos tipos de principios? ¿te quedarás ahí?.
Ahora son demasiadas las dudas como para darles respuesta o darles una mano firme. Quiero vaciarme de amor para llenarme de Amor. Quiero un abrazo y sigo sin saber de quién, porque no siento a nadie lo suficientemente cerca. Ni el latir, ni el cuerpo, ni la nada. Ni el calor, ni los ojos, ni las lágrimas, ni el hueco. Ni el sexo, ni el sudor de dos cuerpos, ni esos amantes locos, LOCOS, locos que corren por las calles mal asfaltadas de Bilbao. Ni las caras de payaso, ni los cuerpos desnudos, ni las copas de más, ni la lluvia, ni la niebla, ni las noches, ni tu mirada, ni las sábanas ralladas. Ni las habitaciones en diagonal, ni la M, ni las risas.
¿Por qué eso solo debe permanecer en el principio? ¿debo entonces darle entierro a todas esas emociones? No pienso igual y te quiero cerca, pero estás lejos. Y siento que cada vez estamos más lejos, y siento que no nos importa estar tan lejos, y siento que miramos los recuerdos desde la lejanía de estar muy, muy lejos. Y ahora lo pensamos con la media sonrisa, y rehacemos los recuerdos con una mueca de dolor y de lo que fue. Nunca amé tanto, nunca. Nunca. Y pretendes que comprenda...que eso es solo del principio.
Hoy es el principio del final.
Puede que me estés prometiendo el mundo; pero juro que no recibo tu señal.
Debe de ser una cuestión de algo más que intensidad, de algo que fue y ya no es, de algo que obviamente está haciendo mella en mi y me quita las ganas de sentir nada por nada. Esta llanura terrosa me lleva a creer que ya no hay nada y que ese Amor no existe, como bien pensé hace mucho tiempo, que quizá tan solo existe el amor y que con eso nos deberíamos conformar todos, sí señor. Quizá ya agoté todo ese Amor y ahora quede el amor, pero a mi este amor tan chiquito me llena de inseguridades, de planicie, de nulidad emocional. Te invito a ser la misma de antes junto a mi; pero intuyo que no es el momento, que no debo ser yo, que eso solo pasa al principio. Al principio, a mi no me había pasado nada parecido con otras personas. No. Nunca. ¿Será que hay muchos tipos de principios? ¿te quedarás ahí?.
Ahora son demasiadas las dudas como para darles respuesta o darles una mano firme. Quiero vaciarme de amor para llenarme de Amor. Quiero un abrazo y sigo sin saber de quién, porque no siento a nadie lo suficientemente cerca. Ni el latir, ni el cuerpo, ni la nada. Ni el calor, ni los ojos, ni las lágrimas, ni el hueco. Ni el sexo, ni el sudor de dos cuerpos, ni esos amantes locos, LOCOS, locos que corren por las calles mal asfaltadas de Bilbao. Ni las caras de payaso, ni los cuerpos desnudos, ni las copas de más, ni la lluvia, ni la niebla, ni las noches, ni tu mirada, ni las sábanas ralladas. Ni las habitaciones en diagonal, ni la M, ni las risas.
¿Por qué eso solo debe permanecer en el principio? ¿debo entonces darle entierro a todas esas emociones? No pienso igual y te quiero cerca, pero estás lejos. Y siento que cada vez estamos más lejos, y siento que no nos importa estar tan lejos, y siento que miramos los recuerdos desde la lejanía de estar muy, muy lejos. Y ahora lo pensamos con la media sonrisa, y rehacemos los recuerdos con una mueca de dolor y de lo que fue. Nunca amé tanto, nunca. Nunca. Y pretendes que comprenda...que eso es solo del principio.
Hoy es el principio del final.
2012-04-28
Abril
¿Era preciso escribir?
Era preciso escribir. Escribir siempre es preciso.
Tengo un puñal en el costado derecho de mi estómago vacío. Estoy llorando por primera vez en mucho tiempo con una canción y no revelaré cuál. Me siento inmensamente sola. Todo alrededor se desvanece, es falso. Tú no estás, ni ella, ni él, ni el otro él. Todos andan por ahí, por el ciberespacio de mierda tras una pantalla y no siempre. Todo es una duda negra y oscura, y no tengo ganas de luchar por nadie. ¿Para qué?.
Creía que me faltaban emociones, que me faltaban canciones y que me habían despojado de mi sensibilidad por las artes. Mentira. Creo que quiero un abrazo; pero no se de quién. Lo que sí tengo claro es que quiero cerrar los ojos e imaginar unos brazos que protejan mi derrumbe y mi vergüenza. Estoy algo frustrada y enfurecida. Y aquí no hay muertos, ni sangre, ni vísceras, ni todas esas cosas preciosas con las que me encanta adornar un texto de mierda. Quiero un abrazo y no se de quién o de qué.
¿Tengo que aceptarlo?
Estoy cansada del tiovivo.
Era preciso escribir. Escribir siempre es preciso.
Tengo un puñal en el costado derecho de mi estómago vacío. Estoy llorando por primera vez en mucho tiempo con una canción y no revelaré cuál. Me siento inmensamente sola. Todo alrededor se desvanece, es falso. Tú no estás, ni ella, ni él, ni el otro él. Todos andan por ahí, por el ciberespacio de mierda tras una pantalla y no siempre. Todo es una duda negra y oscura, y no tengo ganas de luchar por nadie. ¿Para qué?.
Creía que me faltaban emociones, que me faltaban canciones y que me habían despojado de mi sensibilidad por las artes. Mentira. Creo que quiero un abrazo; pero no se de quién. Lo que sí tengo claro es que quiero cerrar los ojos e imaginar unos brazos que protejan mi derrumbe y mi vergüenza. Estoy algo frustrada y enfurecida. Y aquí no hay muertos, ni sangre, ni vísceras, ni todas esas cosas preciosas con las que me encanta adornar un texto de mierda. Quiero un abrazo y no se de quién o de qué.
¿Tengo que aceptarlo?
Estoy cansada del tiovivo.
Ars Amandi, Reflexiones filológicas,
Al cubo de la basura,
De la Destrucción
2012-03-31
"Claro que cuesta...
...si no costase no se llamaría Deporte." Benjamín Hernandez, entrenador Kick Boxing.
Esas y muchas otras palabras son las que activan mi mente en los momentos más bajos donde creo que no soy capaz de sobrepasar el límite de mis fuerzas. Sigo recuperándome de una lesión bastante mala-pata que me hice en Abril del año pasado y va a cumplirse en breves un año desde que reposo, entreno y trabajo con el tendón del brazo derecho en mal estado. A veces me siento débil porque he perdido mucha fuerza en el brazo y me resulta muy doloroso mantener el peso de mi cuerpo sobre esa muñeca, sobretodo en la posición de flexión de pecho o al hacer la carretilla.
Hablando con él me dijo la semana pasada: "No conozco a nadie que, haciendo repetidamente durante toda su vida un deporte o dedicando su vida a ello, no haya tenido mínimo un par de lesiones: Un brazo roto, un hombro fuera del sitio, un esguince, una rotura seria..." Y tenía toda la razón visto así. Yo acumulo lesiones tontas e importantes como el que colecciona sellos debido a mi constitución de articulación laxa y a los excesos que cometí en mi adolescencia dejando a mi cuerpo a merced de las carencias. Poco a poco me voy recuperando de aquellos excesos, me siento orgullosa de mi misma por seguir luchando día a día contra aquella enfermedad, me siento orgullosa por alimentar mi mente y mi cuerpo, tanto con deporte como con nutrientes.
He empezado a correr para ayudar a mi fondo aprovechando que va a hacer dos años que dejé de fumar y tanto dejar la nicotina como salir a correr muchas veces obligándome, me hacen sentir aún más orgullo de mi misma que, al fin y al cabo solo me voy a poder ofrecer yo. Ahora le he cogido el gusto, no a correr en sí, sino a sentir lo que se siente al final de cada sesión. Así como después de entrenar en el gimnasio muchas veces sentía la sensación de ligereza, de aire fresco y de abandono del estrés; después de correr siento algo parecido más una sensación de vacío y de vuelta al nacimiento. Es como si me apagaran y me volvieran a encender; y durante la carrera, siento un duelo entre mi mente y mi cuerpo, disfruto del paisaje y pienso "corre sólo por y para ti, sé para ti el regalo que quisieras tener."
Menciono el deporte con tanta pasión porque es quien me aleja de los pensamientos negativos y de toda experiencia negativa diaria. Me aleja de los problemas de alimentación que cada vez son menos frecuentes y me devuelven la fe en mi; me aparta del estrés diario del "tengo que hacer/tengo que cumplir", me ayudan a superar que mi mayor apoyo no pueda estar conmigo siempre físicamente, me acerca indiscutiblemente a Ella y sé que estaría orgullosa de verme mejorar. Mientras corro suelo reírme o al menos sonrío unas cuentas veces porque no debo olvidar que el deporte es algo divertido, nunca debe ser un castigo.
Muchas veces he tenido pensamientos de infravaloración: "los demás son mejores, más rápidos, más fuertes, más buenos. Mira qué bien se cubren, mira cuánto aguantan corriendo, mira cuánto peso levantan. Yo no podré hacer eso nunca." Siempre, desde pequeña y por culpa del colegio, me he sentido inferior en casi todo. Solo destaqué en inglés y en dibujo; pero eso no era "guay" ni nada de lo que poder presumir, yo quería ser fuerte y estaba siempre en un rincón demostrando todo lo contrario. En la adolescencia me dejé llevar quizá demasiado por el Todo-Vale, dan igual las consecuencias y aún así no acabó del todo mal porque supe reaccionar a tiempo. Empecé a entrenar a los 17 en la disciplina de Kick Boxing pesando la friolera de 52-53kg, claro es que era débil, estaba débil y aunque intentara esforzarme, muchas veces me desmayaba. El pasado sirve para elogiar el presente y no hace falta borrarlo porque debe estar ahí para decir "mira, eso se acabó." Desde los 17 hasta los 20 entrené bastante regular hasta que una lesión de hombro y una fractura de costilla dijeron basta. Tuve que dejarlo durante año y medio volviendo algún mes suelto pero nada serio. A los 22 volví definitivamente más fuerte y con otra actitud: si antes entrenar era una "obligación", se convirtió en un "placer" y un "voy a dar el 100% de lo que pueda". Mi actitud cambió y mi entrenador lo notó y me lo comentó, aparte de que cogí unos 10kg y me quedé en 60-62 lo cual me hacía mucho más dura teniendo en cuenta que entreno con hombres. Eso para mi, viniendo de mi entrenador, fue un elogio y una subida de autoestima importante, así que me dediqué desde entonces a entrenar duro dando siempre lo mejor de mi aunque no me llevara a una competición.
Este año lo comencé ilusionada con la esperanza de volver a competir; pero la lesión de la muñeca no me garantiza un buen combate ni una buena preparación, que es más importante. Ahora a mis 24 recién cumplidos intento hacer deporte siempre que puedo de manera sana y constante que me ayude a enfrentarme a mi y a las dificultades y me está funcionando, puesto que noto una mejoría en mi estado de ánimo y en la autoestima. No suelo ser constante en nada; pero me recuerdo que puedo, igual que puedo hacer muchas otras cosas. Cuando me voy cansando pienso que está ahí, a mi alcance, que soy corredora como los demás que salen a correr; que soy válida en boxeo como los demás que están ahí; que puedo acabar el entrenamiento de comba sin detenerme porque nada malo puede pasar, es lo cuestión de sufrir un momento y todo pasará.
He tenido momentos muy flacos entrenando. Antes de Fallas, para que nos entendamos antes de la semana del 14 de Marzo, volví a casa varios días con la nariz muy tocada y con la cabeza muy tocada signos evidentes de una mala guardia y gestión de la pelea. Perdí motivación para entrenar y también la perdí durante medio diciembre y todo enero. Fue un desastre y me dediqué a beber casi a diario, no es mucho; pero es un descontrol sobre mi que prefiero evitar.
Tengo poquita gente con la que compartir experiencias y resultados en los deportes y tampoco cuento con demasiado apoyo en casa, porque aquí está mejor visto que seas fumador que que salgas a correr 3 veces a la semana porque eso es "mucho" deporte, pero 25 cigarros al día no es "mucho" cáncer, en fin. Tengo una madre sedentaria y un padre neutro, neutro es que se dedica a trabajar y el hombre hace lo que puede; pero sí, mi madre es sedentaria y ve mal eso de pegarme y eso de correr; y vería mal cualquier cosa demasiado saludable pienso yo. Mi padre anoche me hizo un comentario demasiado feo y me insinuó la vigorexia, ¡qué coño!, me dijo "eso se llama vigorexia". Llama "vigorexia" a salir a trotar los días que no entreno y me hace sentir como una incomprendida cuando lo único que quiero es sentirme bien por dentro y por fuera, y como ellos no lo han sentido jamás, lo llaman cualquier cosa. Anoche quise contestarle a mi padre:
"Prefiero la vigorexia a la anorexia". Quizá eso le habría callado la puta boca.
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Ars Amandi, Reflexiones filológicas,
Deporte,
Reflexiones primaverales
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