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2012-03-31

"Claro que cuesta...


...si no costase no se llamaría Deporte." Benjamín Hernandez, entrenador Kick Boxing.

Esas y muchas otras palabras son las que activan mi mente en los momentos más bajos donde creo que no soy capaz de sobrepasar el límite de mis fuerzas. Sigo recuperándome de una lesión bastante mala-pata que me hice en Abril del año pasado y va a cumplirse en breves un año desde que reposo, entreno y trabajo con el tendón del brazo derecho en mal estado. A veces me siento débil porque he perdido mucha fuerza en el brazo y me resulta muy doloroso mantener el peso de mi cuerpo sobre esa muñeca, sobretodo en la posición de flexión de pecho o al hacer la carretilla.

Hablando con él me dijo la semana pasada: "No conozco a nadie que, haciendo repetidamente durante toda su vida un deporte o dedicando su vida a ello, no haya tenido mínimo un par de lesiones: Un brazo roto, un hombro fuera del sitio, un esguince, una rotura seria..." Y tenía toda la razón visto así. Yo acumulo lesiones tontas e importantes como el que colecciona sellos debido a mi constitución de articulación laxa y a los excesos que cometí en mi adolescencia dejando a mi cuerpo a merced de las carencias. Poco a poco me voy recuperando de aquellos excesos, me siento orgullosa de mi misma por seguir luchando día a día contra aquella enfermedad, me siento orgullosa por alimentar mi mente y mi cuerpo, tanto con deporte como con nutrientes.

He empezado a correr para ayudar a mi fondo aprovechando que va a hacer dos años que dejé de fumar y tanto dejar la nicotina como salir a correr muchas veces obligándome, me hacen sentir aún más orgullo de mi misma que, al fin y al cabo solo me voy a poder ofrecer yo. Ahora le he cogido el gusto, no a correr en sí, sino a sentir lo que se siente al final de cada sesión. Así como después de entrenar en el gimnasio muchas veces sentía la sensación de ligereza, de aire fresco y de abandono del estrés; después de correr siento algo parecido más una sensación de vacío y de vuelta al nacimiento. Es como si me apagaran y me volvieran a encender; y durante la carrera, siento un duelo entre mi mente y mi cuerpo, disfruto del paisaje y pienso "corre sólo por y para ti, sé para ti el regalo que quisieras tener."

Menciono el deporte con tanta pasión porque es quien me aleja de los pensamientos negativos y de toda experiencia negativa diaria. Me aleja de los problemas de alimentación que cada vez son menos frecuentes y me devuelven la fe en mi; me aparta del estrés diario del "tengo que hacer/tengo que cumplir", me ayudan a superar que mi mayor apoyo no pueda estar conmigo siempre físicamente, me acerca indiscutiblemente a Ella y sé que estaría orgullosa de verme mejorar. Mientras corro suelo reírme o al menos sonrío unas cuentas veces porque no debo olvidar que el deporte es algo divertido, nunca debe ser un castigo.

Muchas veces he tenido pensamientos de infravaloración: "los demás son mejores, más rápidos, más fuertes, más buenos. Mira qué bien se cubren, mira cuánto aguantan corriendo, mira cuánto peso levantan. Yo no podré hacer eso nunca." Siempre, desde pequeña y por culpa del colegio, me he sentido inferior en casi todo. Solo destaqué en inglés y en dibujo; pero eso no era "guay" ni nada de lo que poder presumir, yo quería ser fuerte y estaba siempre en un rincón demostrando todo lo contrario. En la adolescencia me dejé llevar quizá demasiado por el Todo-Vale, dan igual las consecuencias y aún así no acabó del todo mal porque supe reaccionar a tiempo. Empecé a entrenar a los 17 en la disciplina de Kick Boxing pesando la friolera de 52-53kg, claro es que era débil, estaba débil y aunque intentara esforzarme, muchas veces me desmayaba. El pasado sirve para elogiar el presente y no hace falta borrarlo porque debe estar ahí para decir "mira, eso se acabó." Desde los 17 hasta los 20 entrené bastante regular hasta que una lesión de hombro y una fractura de costilla dijeron basta. Tuve que dejarlo durante año y medio volviendo algún mes suelto pero nada serio. A los 22 volví definitivamente más fuerte y con otra actitud: si antes entrenar era una "obligación", se convirtió en un "placer" y un "voy a dar el 100% de lo que pueda". Mi actitud cambió y mi entrenador lo notó y me lo comentó, aparte de que cogí unos 10kg y me quedé en 60-62 lo cual me hacía mucho más dura teniendo en cuenta que entreno con hombres. Eso para mi, viniendo de mi entrenador, fue un elogio y una subida de autoestima importante, así que me dediqué desde entonces a entrenar duro dando siempre lo mejor de mi aunque no me llevara a una competición.

Este año lo comencé ilusionada con la esperanza de volver a competir; pero la lesión de la muñeca no me garantiza un buen combate ni una buena preparación, que es más importante. Ahora a mis 24 recién cumplidos intento hacer deporte siempre que puedo de manera sana y constante que me ayude a enfrentarme a mi y a las dificultades y me está funcionando, puesto que noto una mejoría en mi estado de ánimo y en la autoestima. No suelo ser constante en nada; pero me recuerdo que puedo, igual que puedo hacer muchas otras cosas. Cuando me voy cansando pienso que está ahí, a mi alcance, que soy corredora como los demás que salen a correr; que soy válida en boxeo como los demás que están ahí; que puedo acabar el entrenamiento de comba sin detenerme porque nada malo puede pasar, es lo cuestión de sufrir un momento y todo pasará.

He tenido momentos muy flacos entrenando. Antes de Fallas, para que nos entendamos antes de la semana del 14 de Marzo, volví a casa varios días con la nariz muy tocada y con la cabeza muy tocada signos evidentes de una mala guardia y gestión de la pelea. Perdí motivación para entrenar y también la perdí durante medio diciembre y todo enero. Fue un desastre y me dediqué a beber casi a diario, no es mucho; pero es un descontrol sobre mi que prefiero evitar.

Tengo poquita gente con la que compartir experiencias y resultados en los deportes y tampoco cuento con demasiado apoyo en casa, porque aquí está mejor visto que seas fumador que que salgas a correr 3 veces a la semana porque eso es "mucho" deporte, pero 25 cigarros al día no es "mucho" cáncer, en fin. Tengo una madre sedentaria y un padre neutro, neutro es que se dedica a trabajar y el hombre hace lo que puede; pero sí, mi madre es sedentaria y ve mal eso de pegarme y eso de correr; y vería mal cualquier cosa demasiado saludable pienso yo. Mi padre anoche me hizo un comentario demasiado feo y me insinuó la vigorexia, ¡qué coño!, me dijo "eso se llama vigorexia". Llama "vigorexia" a salir a trotar los días que no entreno y me hace sentir como una incomprendida cuando lo único que quiero es sentirme bien por dentro y por fuera, y como ellos no lo han sentido jamás, lo llaman cualquier cosa. Anoche quise contestarle a mi padre:

"Prefiero la vigorexia a la anorexia". Quizá eso le habría callado la puta boca.


*




2011-06-09

Semasiología.

Proformas léxicas

Vuelvo a tener el abismo abierto ante mí. La ventana vacía y una lluvia de palabras mojadas que no termina de caer en el orden correcto, con el sentido que me gusta darle a todo, con la carencia semántica que sufrimos en el siglo XXI.

No me importa tanto que llueva fuera, eso le da toque bohemio a toda esta situación absurda. Yo, escribiendo sin ese sentido que tanto necesito, sin esa semántica tan ausente en el siglo XXI. Yo, que repito una y otra vez las mismas ideas, los mismos tics nerviosos de querer correr hacia ti. Yo, que con mis diez dedos soy incapáz de hacer que te creas nada, soy incapaz de que me leas a mí misma a través de mí misma. La gente es capáz de componer sinfonías con los mismos diez dedos, pero yo me siento tan inutil.

Y sigues sin llamar, parece que no te enteras de la novela o no quieres, a mi también me gusta cerrar los ojos, respirar la paz que no tengo y poder olvidar, que todo carece de semántica. Para no regalarte palabras vacías, para no regalarte acordes gastados, para no regalarte versos que suenan a romanticismo barato; para todo ello he diseñado mi propio contenedor de mierda virtual: este blog. Blog donde me cuelgo y me ahorco cada vez que las emociones aprietan tanto que ahogan. Para que tú no las veas, no las toques. Lo mismo que pasa con mi cuerpo, pasa con cada gesto que aboco a este abismo de píxeles, pulgadas y mierda virtual. ¡Qué casualidad, estamos enganchadísimos a la mierda virtual! Pero no vemos Nada real a través de la pantalla y hemos olvidado dejar de mirar la pantalla. Leemos en la pantalla, escribimos en la pantalla, componemos en la pantalla, sonreimos en la pantalla, lloramos en la pantalla. La pantalla está ahí, inerte. Nos comunicamos con algo inerte. ¿A quién pretendes mandar tu mensaje de llanto y soledad?.

Olvidaste abrazar.

2011-05-06

Óneiros

Buscar cómo tapiar los huecos cuando no te encuentras a mi lado es una árdua tarea, más cuando las grandes cosas que tenemos que hacer son odiosas y las pequeñas luciérnagas de este lago helado han emigrado a los humedales del Sur.

Me adentro como cada primavera en una pompa de color que creo con el corazón. Es ese Mundo del que siempre te hablo, Europantide. Ya fueron los ojos testigos del blanco y negro que desdibujaba minuciosamente sus lineas y formaban un paraiso onírico. El paraiso de las montañas, los riachuelos llenos de guijarros, el manto inmaculado de seda verde y los pequeños vertebrados que corrían en silencio. Te explico mi Tierra de los sueños y te invito a cruzar la linea de lo real, de lo cotidiano y del lugar sin miedo, porque no hay nada más humano que dejar de tener miedo. No tener Miedo y la Conformidad que supone vivir en este mundo. Todo ello es humano y por tanto no tiene cabida en Europantide. Debemos estar dispuestos al Miedo, a la pérdida y ser dichosos con las tierras que creamos en nuestra mente. Olvida lo humano, lo impuesto. Crearemos algo grande, te lo prometo. Sólo es Amor.

Sólo Amor.

Siempre pensando en canciones que compondré para ti con los tendones de mi cuerpo. Siempre recordando nuestros juegos de Animal bajo la lluvia incesante de mi Tierra Santa. La lluvia calienta los cuerpos desnudos que caen por la ladera de mi rostro. Los cuerpos llovidos. La imposibilidad del olvido, de aquello de lo que presume lo onírico.

Quedan lejos las imagenes imantadas de rojo carbón, las cascadas de fuego provinientes de oceanos de lava y los mundos inciertos. Lejos las imágenes invertidas y el incienso convertido en vapor naranja. La voces de lo profundo y los fantasmas en los ateneos de la Muerte.

Europantide es el reflejo de todo aquello que nunca fui.

2011-03-27

La Estación

De pronto, el mundo se encuentra ajeno a su dolor. El tránsito intermitente de esta ciudad enciende y apaga su Corazón. Las lágrimas son un testigo impotente de su desayuno amargo. Café y despedida. La misma despedida que abriría una fosa común a todos sus sueños en la fría mañana de Marzo.

¿Has oido cómo rompe tu Alma contra el cemento de la ciudad?, ¿has oido cómo cruje contra el alcantarillado? Contra esos barrotes oxidados de sueños. Contra los vértices apuntados de las baldosas azules. Contra tiempo de correr en busca de su abrazo mudo.

Abrasiva calzada. Ansiedad incandescente que desciende por tus mejillas. Desayunar la Ausencia en su estela boreal. Te frotarías los ojos con cristales. La muerte en tu pecho.

En tu pecho la muerte. Si quisieras huir correrías justo en la dirección contraria; sin miedo, sin valor. Te odias una vez más por no espetarle un Te Quiero a la cara.

Cobarde.

Bienvenido al Reino de la Esperanza.

2011-03-16

Siglo XXI

Las palabras están sobrevaloradas.
La poesía está sobrevalorada.
Las canciones de Amor están sobrevaloradas.
Las cartas a escritas a mano están sobrevaloradas.
Las grabaciones de mensajes están sobrevalorados.
El dolor por la pérdida está sobrevalorado.
El alcohol está sobrevalorado.
La sangre está sobrevalorada.
Los intentos de suicidio están sobrevalorados.


Pensar está sobrevalorado.
Sufrir está sobrevalorado.
Llorar está sobrevalorado.
Amar está sobrevalorado.

Sentir está sobrevalorado.



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