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2011-12-31

A Dios


Dios,

anoche pensé en ti. Volví a ser un creyente fiel por momentos. Fiel y devoto. Pensé que podrías existir por un instante y ayudarme este 2012 cuando el Mundo acaba y empieza el mundo.

Dios, anoche pensé en ti. Este Amor se apaga, ya lo dice Ivan. Este Amor se apaga y es invierno. Pensé en ti, de la misma forma en que pensé en ti el año pasado por estas fechas cuando no tenía fuerzas para continuar. Este Amor se apaga Dios. ¿Estás ahí? ¡EH! ¡SE APAGA! Se apagan los impulsos de su Amor y de tu Amor. Dios, ¿estás ahí? No me dejes solo. Anoche pensé en ti y solo en ti, juro que esta vez me porté bien. ¿Qué hacer? Dios, dame fuerza. ¿Por qué no contestas cuando te grito? ¡EH! Eres una mentira igual que todo lo demás. Igual que la ilusión y los para-siempres.
Tú
Idea
Tú eres una idea incompleta Dios. Exactamente igual que el resto de las cosas amargas. Me apago Dios, me apago y quizá te estés arreglando para esta Nochevieja. ¿Pero sabes qué? Este Amor se apaga y tú no estás ahí. Ríndete.

Delirar no servirá para secar las lágrimas que empañan estas cuatro paredes. Vomitar sentimientos pudrirán estas cuatro paredes. Y no estás Dios. No estás cuando te gritan. Ni el dolor ni el sufrimiento fueron hechos para ti.



*

2011-03-27

Los Dioses también follan.

Los Dioses también follan, solo que lo hacen distinto a nosotros los mortales. Ellos dan su vida a cambio de tan preciado placer. Literalmente, su Vida.

He tenido el privilegio de encontrar unos manuscritos en muy buenas condiciones, tan solo faltan algunas palabras que no me atreveré a completar. Encontré dos extractos de lo que pudo ser un poemario a la Diosa del Mar de algún Dios poseido por el sentimiento desbordado del Amor carnal. Quién fuera uno de estos Dioses.


A la Diosa del Mar:

Follarla con el Corazón.
Cuando eyaculé lágrimas de sangre en su pecho,
Eyaculé sangre en cada contracción.
Contuve la respiración; era Ella,
Era Ella y era Dios;
Éramos los dos.

Follarla con el Corazón,
Para eyacular lágrimas ensangrentadas contra sus labios,
Contra su pecho desnudo; Y sus labios.
Exasperé y era Ella,
Era Ella y el dolor;
Éramos los dos.

Prueba el Amor de mis entrañas,
aquél que reconocerás si lo vuelves a sentir;
Brota del pulso de dos cuerpos enfrentados,
brota de ti y brota de mi.

*

Me apetece, Dios, recorrer todo su cuerpo;
Devolverle la Vida;
Que mis labios mueran en su pecho,
puro, divino, vírgen.

Hastiarla de sexo y de rabia entre sus muslos;
Hacerle el Amor para siempre.
Sembrarme en su sexo;
crecer en su corazón.
Salir,
emerger por los ojos;
crugir en su piel,
bordarle las costuras de la imaginación.



*

2011-02-20

Plegaria para con Dios I

Dios,

¿tú crees que Ella me Ama?

Yo creo que sí.

2011-01-30

Diálogo con Dios II

Dios,

me encamino hacia la obscuridad de mi juicio final. Miénteme mientras esté en tu regazo. Acógeme esta noche, méceme en tus entrañas calladas y tiernas, y dime que todo está bien. Calma mis oidos con silencio estelar. Esté donde esté esta madrugada, cántame una nana. Una nana de esas que acallan el llanto pueril y que limpia la culpa más humana del pecado visceral. Sonríeme y protégeme a escasas horas de la salida del sol. Un nuevo nacimiento, una nueva muerte. La nuestra.

Exento de culpa no quedaré; pero rocía mi frente de besos fríos y viento suave. Viste de lana mis sueños esta noche, ya los deshilachará ella a la mañana.

Diálogo con Dios

Dios,

la noche me acelera el corazón. El exceso de teina hace estragos en los capilares de mi cuerpo. El sistema intravenoso despliega su colapso batiendo y agitando mi pecho intensamente, provocándome el sobresalto de madrugada. Provocándome el llanto nervioso a altas horas de la noche cuando no tengo a quien recurrir. Recurro a ti. Entonces te aclamo y te rezo, bien alto, en palabras grandes y pupilas dilatadas, que deje de sacudirme el órgano vital. Que desde la distancia, zarandea con la esperanza de que salga cara y yo, porte mi cruz de por vida. Se va, enajenándose de mi como algo nunca conocido. Como si hubieramos estado en otra dimensión. Como tú, Dios. Como tú. Y como yo, tu siervo, que se arrodilla y se arrastra ante ti cuando el polvo terroso del campo de batalla lo llama. Apotronado en la cama, los días a diario, solos tú y yo y la prontitud inoportuna del tiempo triste.

Mantengo mis diálogos contigo por ser el único que, a pesar de creerse más demonio que yo mismo por el resto de mortales, -incluso por mi-, no me juzga. No me juzgas pese a acumular deudas con el Amor y con la moral de este convenio colectivo.

Empiezo a creer en mis ratos nocturnos que me amas tal y como soy. Que sí, que siempre te me han querido vender de alguna forma u otra; pero sólo yo he conocido tu perdón en la soledad más extrema, de estar perdiendo el Amor de mi vida. Que ella aún no lo sabe, que no conoce la magnitud del latido. Que no conoce, ni sabe, ni sabrá, cuánto me odio. Cuánto de odio soy capaz de untarme cada mañana al despertar de un mundo gris a un mundo negro. Sólo la realidad supera la pesadilla de soñar que la pierdo.

De rodillas, en sangre y en inglés. Me has oido pregarte hasta deshacerme de toda cordura. Me has oido clavar las garras en el fondo de mi garganta para hacerme vomitar la vida. De pie, con sudor y enlagrimado. Me has oido pregarte hasta deshacerme de toda locura. Me has oido el silencio en el fondo de mi corazón para poder provocarme el eco.

Sufro la consecuencia de las contracciones cardíacas crónicas, cuando lo que quiere salir de mi propio pecho es un tumor que conservé: Mi propio corazón podrido.